Si el virus ataca en el primer trimestre de embarazado aumenta el riesgo de microcefalia infantil

El virus del zika, al igual que el dengue y la chikungunya son enfermedades transmitidas por mosquitos del género Aedes. En nuestro país, prácticamente en todas las provincias se han presentado casos de dengue (generalmente “importados”) y ya se han detectado casos de zika en la provincia de Córdoba.

El primer caso autóctono de esta enfermedad en el continente americano fue notificado en febrero de 2014 por el Ministerio de Salud de Chile (Isla de Pascua). Desde febrero de 2015 se ha verificado un importante incremento de casos por el Ministerio de Salud de Brasil. Y ya en octubre del año pasado se alertó sobre un incremento inusual de casos de microcefalia.

Ya se han reportado más de 3000 casos de microcefalia vinculados presuntamente a madres que han tenido zika durante su embarazo, y ya es considerada epidemia en los estados del noroeste brasilero. En noviembre de 2015 el Ministerio de Salud de Brasil afirmó que existe relación entre el incremento de microcefalia en el nordeste del país y la infección por virus Zika tras la detección del genoma del virus en muestras de sangre y tejido de un recién nacido del estado de Pará, que presentó microcefalia y otras malformaciones congénitas y que falleció a los 5 minutos de nacer. Sin embargo, esta asociación hasta el momento no ha sido confirmada por otros investigadores.

Transmisión y síntomas

Tras la picadura del mosquito infectado, los síntomas de enfermedad aparecen generalmente después de un periodo de incubación de tres a doce días.

Cabe aclarar que la persona puede transmitir estos virus en el período que presenta síntomas. Estos pueden manifestarse como fiebre, dolor de cabeza, muscular y articular, náuseas y erupciones en la piel. En el caso de chikungunya el dolor de las articulaciones puede manifestarse con mayor intensidad y en la fiebre de zika también puede aparecer conjuntivitis.

 

¿El zika causa malformaciones?

La enfermedad provocada por ese virus se asocia al riesgo de malformaciones congénitas en los fetos si la madre contrae la infección durante el primer o segundo trimestre de gestación. Sin embargo, no todas las mujeres que se contagian de zika durante el embarazo tienen bebés con malformaciones. Aún se está investigando la forma en que el virus llega al feto y cómo afecta su desarrollo.

La microcefalia es una anomalía que afecta el tamaño de la cabeza y cerebro de los bebés, que puede causar inconvenientes en el desarrollo cognitivo y motor del niño. La malformación se hace evidente de manera física ya que el diámetro normal de la cabeza es de entre 34 y 37 centímetros, y en los casos de microcefalia este índice está por debajo de los 33 centímetros. La OMS ha definido al recién nacido con microcefalia, como aquel cuyo perímetro cefálico al nacer (confirmado a las 24 horas de vida) es inferior al Percentil 3 para la edad gestacional y sexo.

El seguimiento del crecimiento del perímetro cefálico en las ecografías es clave para detectar estas anomalías en el desarrollo del bebé. Por tanto la recomendación para las gestantes es concurrir regularmente a las consultas prenatales y extremar las medidas de prevención. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud de la Nación aconsejan a las mujeres en edad reproductiva y especialmente embarazadas que consideren el riesgo de viajar a los países con circulación del virus del zika.

Ante una sospecha por casos de zika en una embarazada además de los controles de rutina, la OMS recomienda:

  • medir altura uterina y volumen de líquido amniótico,
  • evaluar vitalidad fetal, mediante auscultación con estetoscopio de Pinnard (20 semanas) o doptone a edades gestacionales tempranas (14 semanas), se podrá establecer si el feto está vivo,
  • evaluación de la anatomía fetal, la ultrasonografía en el último trimestre podría permitir descartar una microcefalia y otras anomalías en los fetos de mujeres que han estado expuestas a virus Zika. Es necesario mencionar igualmente que la ultrasonografía obstétrica no permite confirmar la existencia de una microcefalia, pero permite sospecharla.